Oración Adviento

"Velad, pues no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa"


“Había dos niños que eran muy buenos amigos y que venían de familias de distintas, llamémoslas clases sociales. La Navidad y todo lo que era los días previos a ella, cada uno la vivía de una forma distinta.

La familia de David tenía dinero para pagar un árbol que renovaban cada año y que adornaban con muchos objetos y una gran estrella en la punta. También ponían un belén que ocupaba una mesa entera y que recibía los aplausos y admiraciones de aquellos que lo veían. Tanto David como su hermano se pedían todo lo que ellos querían y los reyes magos no tenían ningún problema en hacerles cumplir sus deseos. Y lo que más le gustaba a David, las luces. Tenían luces adornando el árbol, luces en el portal de belén, hasta tenían luces en las ventanas que daban a la calle. De todos los colores había luces por todos lados.
La familia de Manuel era más humilde y celebraban la Navidad con lo que podían. Ponían el mismo árbol que llevaban varios años poniendo y lo decoraban con los mismos viejos adornos. Su portal de Belén estaba formado simplemente por María, por José y por el niño Jesús. Por lo general los reyes magos sólo podían llevarles regalos a los niños, pero los padres recibían los suyos cuando veían la cara de felicidad de sus hijos. Las luces no eran tan brillantes ni tantas como las que tenía David, de hecho, la mayoría estaban fundidas o estaban casi.

Acercándose la Navidad, Manuel salió con su madre a comprar unas cosillas para la cena de Nochebuena que iban a celebrar con la familia de David. Él vio las calles llenas de luces y como cada año se quedaba muy impresionado con lo bonita que estaba la ciudad. Todas las tiendas y locales estaban decorados, dándole más alegría de la habitual a la ciudad. Su madre ante su mirada de ilusión le dijo:

-La ciudad se enciende porque viene alguien muy importante.

-¿Quién puede ser tan importante? -preguntó él imaginándose a uno de sus superhéroes favoritos.

Pasaron por delante de una tienda que tenía un portal de belén en el escaparate y su madre se paró delante de él. Señalando al niño dijo:

-A él; el día de Navidad es su cumpleaños y es quien nos trae toda esta luz.

Todas las navidades la madre de Manuel se lo explicaba, pero este con lo pequeño que era nunca llegaba a entenderlo del todo. El día de Nochebuena, tras la cena, David, sabiendo que no debía decir nada por si molestaba a su amigo, le dijo:

-Manuel, se han apagado todas las luces del portal -y mirando a su alrededor añadió: -y en el árbol no hay.

La madre de Manuel lo escuchó y mirando se dio cuenta de que tenía razón. Esperando que su hijo no se pusiera muy triste, se extrañó al ver como este iba hacia donde tenían guardadas las velas de cumpleaños y sacaba una. Manuel se acercó a su madre y le pidió que la encendiera. Una vez encendida, Manuel la llevó hasta el portal y la puso al lado del niño. Sus padres miraron con preocupación y miedo por si se caía en el mueble, pero este miedo se esfumó cuando escucharon que su hijo decía:

-Hoy es su cumpleaños y él no nos va a dejar sin luz.”

Adviento significa “venida” y durante cuatro semanas esperamos la venida de nuestro Señor. Desde hace muchos años, la mayoría de las personas celebra la Navidad por costumbre, porque lo hacen los demás o porque la televisión les ha dicho que tenían que hacerlo. Las empresas a costa de su propósito de ganar dinero han distorsionado lo que es realmente la Navidad y lo que
significa. La Navidad no son los bombardeos de anuncios que echan en la televisión y nos invitan a gastar y gastar. Tampoco son las grandes comidas en las que sobra muchísima comida que solemos tener en estas fechas. Estos actos no son en sí malos, pero sólo representan en una pequeña parte lo que es realmente la Navidad; la compañía y el amor a los demás. Pasar tiempo con nuestra familia, con nuestros amigos o tener un detallito con ellos porque les queremos es bonito y sí es parte de la Navidad. Porque la Navidad es eso, es el nacimiento de nuestro Padre por amor a nosotros.

Jesús no nace en un hospital ni nace bien recibido. Jesús nace en un pesebre, rodeado de animales, en un lugar frío y pequeño. Cuando él nace, el lugar se llena de amor, pues sus padres están muy felices por su nacimiento. También se llena de luz, pues una estrella se posa encima del establo porque él ha nacido. Y también se llena de compañía cuando los pastores y los reyes magos van a visitarle. Esto es lo que ocurre cuando Jesús nace dentro de nuestros corazones.
Nos llena de su amor, nos llena de su luz y nos llena de su compañía.



Hecho con tus sueños, Funambulista

-Ecos de la canción:

"Y ahí estás tú, llenándolo todo de luz"

"Hoy todo ha empezado"

"Que has aprendido de nuevo a mirar"

El día que Jesús nace en nosotros empieza todo, es como si nosotros mismo estuviéramos naciendo también. Toda nuestra persona se llena de su luz porque Él ha nacido en nosotros. Como el cuento decía, Él no nos va a dejar sin luz; no nos va a dejar a oscuras. ¿Para qué? Para que podamos aprender de nuevo a mirar; a mirar a nuestro alrededor, a los demás, no solo a nosotros mismos, y a mirar más allá de todo lo que la sociedad nos echa encima.

Para ello tenemos estas cuatro semanas, para prepararnos y hacer que nuestro corazón esté listo para Jesús. En estas semanas tenemos que velar para reconocer a Jesús en los demás, en lo pequeño, en lo humilde; prepararnos, como ya hemos dicho para acoger a Jesús en nuestro corazón (podemos hacerlo pidiendo perdón por lo que hemos hecho mal, con la confesión, ayudando a los demás aunque no nos apetezca, sin irse muy lejos ayudar en casa…); compartir con los demás, con nuestros hermanos, no para que nos hagan un regalo, sino para hacer nuestro corazón un sitio más acogedor para Jesús; y confiar como hizo María, aunque sea un camino difícil, aunque estemos en exámenes y pensemos que esto es el final del mundo, hay que confiar en que gracias a él todo lo malo pasa y lo bueno llega.

"En todo el mundo es Navidad, pero la Navidad no llega para todos igual, los que más dicen vivir la Navidad la viven como si el mundo solo ocupara las cuatro paredes de su casa, como si el mundo fuera solo su mundo, las luces, los regalos, las comidas, eso es la navidad para una pequeña parte del mundo porque para la parte más grande la Navidad significa una noche más en sus vidas, sin comida, en guerra o con enfermedades. Si te paras a pensar la Navidad celebra el Nacimiento de un Niño que nace pobre, en esa parte del mundo llena de conflictos, vivió una vida humilde y murió de la peor manera que un hombre puede morir, maltratado y lleno de dolor. Muchos no lo saben, pero la Navidad no llega cuando las luces de las ciudades se encienden, la Navidad llega cuando una luz de esperanza enciende un corazón triste. No llega cuando se compran los regalos, llega cuando el regalo es compartir tu tiempo con el que está solo. No llega cuando comes hasta no poder más llega cuando todos tienen un plato de comida en la mesa, la Navidad llega cuando el mundo se hace igual para todos. Solo cuando abrimos nuestro mundo para acercarlo a los demás se hace presente la Navidad. Cuando el niño nace en Belén lo hace para todos, no se sabe quién es más pobre si el que no tiene comida o el que no tiene corazón, pero Jesús nace, sobre todo, para los más pobres, ¿mi deseo para esta Navidad? Sentir, pero de verdad, que Dios nace porque solo así seremos capaces de hacer que la verdadera Navidad llegue cada vez a más lugares."


Veré la estrella, Maldita Nerea

-Ecos de la canción:

“Me imagino verte llegar, pintando sonrisas callando la espera”

“Que hoy lo malo aquí no estará”

“Pidiéndome a gritos que te quiera”

“Que yo no soy igual si no estás”

“No soy sin ti, no soy sin ti”

En este tiempo de adviento vamos a prepararnos para que Jesús no nos tenga que pedir a gritos que le queramos, como dice la canción. Y como hemos estado hablando, para que esa luz se encienda dentro de nosotros para así ayudar a que se encienda en los corazones de los demás, compartiendo, acercándonos a los demás para que todo el mundo pueda disfrutar de la verdadera Navidad, una que no necesita dinero ni cosas materiales, sólo nuestra disposición a ser el pesebre de un pequeño niño para que nazca en nosotros aquel que ya nos ama.

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